viernes, 6 de abril de 2012

VOLVIENDO A CASA

Entró el otoño, quiero sentirlo como un renacer como todos los días, por necesidad, por convicción.
Viniendo en uno de los tantos viajes que hago por las noches de regreso a casa, tengo que decir que el de anoche fue especial. 
Siendo las 19.53, el tren salió de Retiro, la estación terminal, apenas una llovizna , luego fue creciendo convirtiéndose en una tormenta interesante.  Las ventanillas se iban subiendo, ya que mojaba a los pasajeros.  Una señora que en primer asiento se encontraba disconforme con todo, despues una persona advirtió que estaba tomando cerveza y evidentemente no le cayó bien; discutió con un niño que pedía monedas y le miró la milanesa que estaba comiendo y con un joven ya que a este le molestaba la ventanilla abierta que tenía ella y le mojaba, lo que ocurría era que la señora necesitaba aire, la discusión fue dura, pero al bajar el joven hicieron las pases y se dieron las manos.
Luego comenzaron los pedidos para que bajaran las ventanillas, ya que para los que van parados es asficciante, el clima era muy pesado  y ahogante para ellos.
Al bajar la persona que estaba a mi lado y se sentó una señora que se encontraba descompuesta, le di el abanico, ya que no se podía abrir las ventanillas, ya que la lluvia era super abundante al igual que el viento.  Me dijo que le tenía miedo a las tormentas y que sus hijos estaban solos en la casa -en ese momento pedí que esos chicos se encuentren bien-
Imaginate, es lo que digo siempre, la mujer que trabaja y no tiene quien le limpie o cuide de sus hijos, no es la misma idiosincrasia.  "PEQUEÑOS DETALLES A TENER EN CUENTA CUANDO SE HABLA POR BOCA DE GANSO"
Mientras tanto la señora que discutía se había callado, esta estaba más tranquila; en el vagón había un silencio de ángeles, ni siquiera el ruido del andar que tiene el tren; hasta el silencio de la lluvia,que parecía golpear en cámara lenta en los vidrios.  Así durante largo tiempo, estuvo esa sensación, ese raro silencio. 
Cuando llegué a Derqui, la osicuda y la nena salieron a mi encuentro, estaban mojadísimas pero aún así me saludaron y luego quedaron el el hall de la estación, donde viven junto a otros tantos perritos.
Llegué a la parada del colectivo, alcancé el de las 21.30 y así fue hasta llegar a casa.
Una noche rara, un silencio angelado, entre tanto desiquilibrio del tiempo como de las personas y ese tren que parecía ir sobre vías de otra dimensión.  Y LLEGUE A CASA MILO Y CLARA ESPERABAN
GRACIAS NELLY DE DERQUI

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